Nuestro instituto, historia de un convento: nuestro patrimonio
Los restos arquitectónicos que perviven del conjunto monumental del antiguo convento de los mínimos de San Francisco de Paula de Alcantarilla, Murcia, constituyen un capítulo de gran importancia para el conocimiento de la arquitectura barroca murciana, a pesar de los vaivenes que ha sufrido la historia del edificio desde las desamortizaciones decimonónicas y del estado en que se encuentra. Lo hemos escogido como representación de lo que es para nosotros el patrimonio y su importancia porque nuestro instituto actualmente está ubicado en dicha zona, el que era el huerto de los frailes, y porque además forma parte de la historia familiar de uno de nuestros compañeros de clase.
Ya en 1850 Madoz manifestó que estaba "casi arruinado". Precisamente fue en esa centuria cuando el abandono, la desidia y la adaptación a usos diversos del espacio interior fueron dañando paulatinamente su estructura. Según los datos recogidos por Villabona Blanco, la extensión del convento que constaba en la subasta pública de la desamortización que se hizo en 1844 se estimó en 26.451 pies de superficie, tasándose en 32.862 reales.
En cuanto a los tierras que poseía la comunidad, se consignaron una finca rústica y seis urbanas con una extensión de 8.64 hectáreas. Por otra parte, Ceán Bermúdez mencionaba en 1800 la existencia de piezas de Francisco Salzillo, escultor que da nombre a nuestro centro educativo, en el convento. A Salzillo le encargaron la imagen de San Francisco de su ermita.
Los frailes de la orden obtuvieron la licencia para establecerse del obispo Fernández de Angulo y se instalaron en 1704 Inicialmente en la ermita de la Virgen de la Salud que se encuentra junto al río. De él consiguieron el permiso para construir el convento con un número de tahúllas alrededor. Parece que según la leyenda les otorgaron todas las tierras que durante la noche más larga del año, la de San Juan, pudiesen acotar con piedras. No contaba el obispo con que todos los vecinos de Alcantarilla y Javalí Viejo los ayudarían, consiguiendo un perímetro de 100 tahúllas, lo que hoy es desde la plaza de San Francisco hasta más allá de la rueda de Alcantarilla. Incluso consiguieron agua para regar estas tierras: les permitieron un hilo de agua del tamaño de un huevo por el acueducto. Ellos la canalizaron e hicieron una cisterna con un pequeña noria, que parece que se encontraba enfrente del comedor social Madre Piedad, junto al instituto. Y esa zona surgió en el mercado semanal de los miércoles, que aún hoy perdura.
Si bien, dos décadas después otro prelado de la diócesis de Cartagena, Belluga, les concedió tierras para el convento que se estaba erigiendo. La labor de estos frailes a partir de entonces fue muy importante, se encargaron de la educación, tenían un hospital y un asilo. Su labor fue significativa durante todo el siglo XVIII hasta 1835 ( desamortización de Mendizábal).
La historia de la construcción del convento está repleta desde los orígenes de incidencias de diversa índole que retrasaron e incluso paralizaron su realización. Pocos años después de iniciar el hospicio se les mandó paralizar las obras. El obispo les ordenó que suspendieran las obras hasta que obtuviese el permiso necesario de la Ciudad. Los frailes argumentaron que desconocían la obligación de acudir a la autoridad municipal y apelaron a la piedad de la misma afirmando lo siguiente: "en este reino no ay convento ni ospicio, ni iglesia de este santo, por lo que en un reino tan dilatado como el de Murcia será de gran gloria tener un templo dedicado para el culto de dicho santo".
De manera que suplicaron poder continuar con las obras. Además desde Córdoba escribió el provincial Fray Matías Carrillo. La carta está fechada el 18 de Octubre de 1709 y en ella daba las gracias al Concejo por admitir en el reino a los religiosos de su orden, buscando quizá con ella por medio de la diplomacia y las buenas relaciones y ante la falta de la precisa autorización, forzar un consentimiento a la vista de unos hechos consumados . El regidor Portocarreño fue comisionado para el caso y recabó los informes precisos que fueron determinantes para acceder a la concesión. Se reunió con la justicia, clero y vecinos quienes le manifestaron el beneficio que recibían de los religiosos "por la buena doctrina y virtudes de su proceder". Por desgracia, la comunidad de mínimos no pudo ver concluida la iglesia de la que sólo permanece su fachada y parte del arranque de las torres a los lados. Sin embargo, constituye la parte más significativa de cuanto queda, junto al claustro, escalera y la dependencia que hoy hace las veces de templo y tiene su entrada por la plaza de San Francisco.
Hay que destacar el interés de esta inacabada fachada, de ladrillo y zócalo de piedra, estructurada en tres calles por pilastras que no conservan su capitel y con ventanas laterales. La portada es de piedra y se ordena con pilastras de orden compuesto y remate con fragmentos de frontón curvo, persistiendo un bloque central de piedra sin labrar sobre el vano de acceso, posiblemente pensado para acoger un relieve con el titular San Francisco de Paula o bien una representación mariana. En la ermita había dos imágenes: San Francisco y la Virgen de la Salud, patrona de Alcantarilla. También se encontraba en esta capilla la imagen del Cristo de Medinacelli, por lo que era sede de esta hermandad que procesiona Martes Santos. Durante muchos años la procesión de Martes Santo salía desde esta capilla.
Hoy en día el convento es una propiedad privada en la que hay una empresa de utensilios de panadería, “Juan Pacheco SL”. Se conservan los restos del convento dentro de esta fábrica, trabajando día a día en un entorno lleno de historia para los alcantarilleros.